Video de la presentación de libros sobre la socio-espacialidad.

sábado, 10 de diciembre de 2016

ReNación de Federico Arnaud en Panorama III: Sólido- Líquido-Gaseoso, Subte Municipal, Montevideo.



ReNación de Federico Arnaud 

Panorama III /Sólido - Líquido - Gaseoso


Curador: Rulfo




Desde el 6 de diciembre al 12 de febrero.

Ver ReNación en: 


https://vimeo.com/194694811


Uruguay trasmutado: de fragmentos, trozos y re/ naciones.
L. Nicolás Guigou

Se nos ha dicho que las mitologías nacen y renacen por la ausencia de racionalidad de los seres humanos, por su desconocimiento e ignorancia, por la búsqueda de explicaciones mágicas e inmaduras. Por cierto, las producciones mitológicas remiten a una racionalidad más profunda –la de la especie humana como un todo- que opera con fragmentos de discursos, trozos y resacas de acontecimientos, ordenándolos de una manera singular, apenas legible por la leve pátina que conforma nuestra supuesta conciencia.
Hay en la producción mitológica una sabiduría anterior a la razón desencantada, argumentativa y reflexiva, que intenta explicar la totalidad a partir de un canon ya no únicamente domesticado, sino limitado en sus posibilidades.
Es una razón profunda, la mitológica, sin duda. Su verdad no estriba tanto en contenidos, sino en las formas múltiples con que esta razón concatena elementos de manera voraz y permanente. Y esa extraña sintaxis nos resulta a la vez que conocida, familiar e íntima, profundamente alejada, confusa e inclusive, riesgosa.


Los mitos históricos, los que conforman nuestra historicidad, son tal vez los más amigables –por cercanos- al mismo tiempo que por su permanente martilleo sobre nosotros mismos, los más frágiles, cuestionables, diagnosticables y pasibles de ser analizados desde una perspectiva que supone abarcarlos como mera invención.




Es así que las mitologías nacionales
 –que descansan sobre la piedra angular 
y las reglas de comunicación del pensamiento mítico de la 
especie 
y por otra parte, son constreñidas por la razón utilitaria de ser 
sometidas a los proyectos políticos 
de tal o cual estado- se encuentran en constante cuestionamiento, 
inclusive cuando se exhiben 
en su seguridad patriótica, con sus héroes fundacionales, sus 
leyendas de sacrificio y valor, 
sus himnos, sus valores y tradiciones perennes e incambiables, 
su vocación de construir empatías 
colectivas y generar comunidades con un destino común.

Cuando las mitologías de la nación dejan de relatar, cuando las 
narrativas comienzan a presentarse 
deshilvanadas, 
cuando la comunidad deja de creer en sus mitos, pero sobre todo, 
cuando se comienzan a inventar, descubrir o visibilizar 
(utilizando todos los intersticios del caso) otros y otros mitos, 
es que la necesidad de tomar los viejos trozos simbólicos de la nación, se vuelve casi 
una tarea urgente, una necesidad para que otras racionalidades, afectividades y símbolos 
emerjan o simplemente, se dejen ver.



Tal parece ser la voluntad antropológica y simbólica de 
Federico Arnaud en su geografía del martillazo:
extraer, parir, crear los trozos de un Uruguay por la dura 
vía del martillo. 
Pero no se trata de un mero afán destructivo, tanático, 
sino de una transmutación, -como en las viejas alquimias, 
tan emparentadas simbólicamente 
con los mitos- de manera de abrir el juego, 
y que estos restos de acontecimientos- discursos-cemento, 
conformen otra situación mitológica que ninguna proyección 
puede todavía adivinar, 
salvo en las inquietantes dimensiones míticas que todos 
poseemos (o bien nos poseen) y que resultan,
 en sus claves comunicacionales, un secreto para nosotros mismos.

Los Uruguay que puedan emerger de esta experimentación, 
de la recomposición 
de los fragmentos patrios, resultan parte del juego de azar 
que esta re/nación, 
esta mitología re-emergente prometa. 
Y en la promesa, hay siempre una posibilidad de futuro.